A poco más de 100 kilómetros de nuestra magnifica sierra, en dirección Toledo, encontramos unos de los paisajes que más me han impresionado por inesperado.
Un cómodo paseo, muy acertado para hacer con toda la familia un sábado de principios de otoño o dando la bienvenida a la primavera en un día no muy caluroso.
Llegamos en coche hasta el chiringuito donde, previo encargo, puedes degustar un magnífico cocido hecho a la lumbre de la chimenea al finalizar el paseo. Sin dificultades para encontrarla, seguimos la ruta indicada. Camino ancho de tierra y bien señalizado para que desde el primer minuto solo te dediques a disfrutar del paisaje: grandes explanadas de campos de cebada, muy bajas y verdes esta pasada primavera. Manojos de margaritas silvestres y atrevidas amapolas parecen sonreír a los visitantes expectantes de lo que aun ni siquiera pueden adivinar.
Un poco se hacen de rogar las inesperadas vistas hasta que… ¡comienza el espectáculo! A tan solo 30 kilómetros de Toledo capital parece que estás en el mismísimo Cañón del Colorado. Cárcavas de piedra rojiza de arcilla deshilachadas por el agua que recoge el embalse de Castrejón ofrecen a cuantos por allí paramos, una inmensa tonalidad de colores.
Es aconsejable dar la vuelta completa y rodear el embalse, ya por un sendero un poco más estrecho; los cambios de posición ofrecen a cada instante vistas completamente diferentes para el espectador. Cada mirador, ofrece una foto distinta, una imagen diferente a la anterior que no hace más que hipnotizarnos.
A mitad del camino hay un pequeño merendero de mesas de piedra donde podremos disfrutar en familia de un delicioso picnic.
ANIMAOS!!

Teresa González Mateo